Carlos Alsina

 

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LA DRAMATURGIA DE LA PERIFERIA

“Dos países, dos causas, dos intereses, dos deudas, dos créditos, dos tesoros, dos patriotismos bajo los colores externos de un solo país... Buenos aires coloniza a las provincias en nombre de la libertad; las ha unciso a su yugo en nombre de la Independencia.”

Así escribía mi lúcido comprovinciano J. B. Alberdi retratando un conflicto secular que mantiene, en el presente, toda su actualidad.

Defino como “periferia” a ese lugar sin lugar que oscila alrededor de un centro. Y no significa que le doy al vocablo una categoría valorativa. Quienes algún tiempo hemos vivido sabemos que no tiene sentido atribuirse el centro o la periferia de nada y que el fracaso y el éxito en el arte son meras ilusiones.

Lo que resulta indudable es que, en este país, existe un lugar de “legitimación” (para llamarlo de alguna manera) para los artistas que es el centro de la Nación (en el sentido de “embudo”, de lugar en donde todo confluye) es decir, el puerto de Buenos Aires.

Son muchos los motivos de todo tipo que llevaron a esta desproporcionada e injusta realidad y no es éste el lugar para analizar sus causas. Lo que si podemos afirmar es que la concentración del dinero, de los medios periodísticos, de las decisiones, del poder en definitiva, se encuentran radicados en ese lugar.

Todo lo demás es “interior” (hacia adentro) y “exterior” (hacia fuera) lo que deja como centro del espacio sideral a la cosmopolita ciudad.

Resulta obvio decir que el “interior” es considerado por el centro como de una categoría menor y que el “exterior” se subdivide en dos categorías: los modelos a imitar y los modelos a rechazar.

Se imitan, no sólo en el teatro, algunas modas europeas o norteamericanas como sinónimo de calidad y de contemporaneidad sin medir que en la pálida Europa los modelos se han roto de tal manera que nada pueden irradiar, más allá del valor de representar, para sus comunidades, los vestigios de un naufragio.

Es obvio decir que a medida que los modelos se repiten más se degradan y si partimos de modelos ya degradados... ningún “puerto” seguro nos espera.

Por el otro lado hay modelos que el centro dominante no aconseja imitar: resulta hasta risible pensar que se impusiera la modaa la “Tahuantisuyo”en la coqueta Recoleta porteña o que un texto teatral sobre el imperio Inca pudiera consitar el interés de la ligera calle Corrientes o de los circuitos off . Es lógico que así sea. ¿Qué sentido tendría tal posibilidad? Ninguno. Es que se trate del modelo que se trate es en la repetición en sí, endonde radica la causa de su degradación.

Dejemos, entonces, a los compañeros teatristas porteños la responsabilidad (y el placer) de representar su realidad (tan rica y compleja) y ocupémosnos de ese otro lugar o lugares “periféricos”, los que no se ven,que los medios “nacionales” (centrales)ignoran y que también forma parte de “este país” que, al decir de Alberdi, serían “dos países”: uno que ha dominado al otro.

Hablo entonces de la dramaturgia de las provincias, de la “periferia” y de no de cualquiera, no de modo indiscrimado, sino de aquella que representa una resistencia de índole cultural al intento de succión del centro.

No soy quien para hablar ni valorar a los provincianosque buscan su consagración en Buenos Aires. Resultaría ocioso y aburrido elencar los nombres de los hombres y mujeres de las provincias que tuvieron que emigrar hacia la gran ciudad para poder sobrevivir o simplemente vivir de su profesión y que dejaron su aporte indeleble a la cultura nacional irradiada desde Bs. As.(se me permita nombrar sólo, como paradigma, a Homero Manzi, el santiagueño de Añatuya, que le dio un perfil profundamente poético al tango).

Quisiera tratar de expresar esa realidad, en este caso dramatúrgica, que, poco a poco, va configurándose en los laterales de la patria y que no busca los canales de “legitimación” conocidos.

Resulta alentador comprobar como la producción dramatúrgica en las provincias se ha incrementado de un modo explosivo. En la realidad de mi lugar, Tucumán, resulta revelador decir que de veinte y tantas obras presentadas en la última Fiesta Pcial de teatro, 18 fueron de autores tucumanos. Y es algo que se viene repitiendo desde hace ya unos años, no se trata de un fenónemo casual.

Lo mismo sucede en otras realidades del interior.

En mi carácter de coordinador para el NOA de Argentores he tenido la suerte de organizar la aparición del primer libro de dramaturgos del norte argentino editada por la entidad (que así comienza una tarea verdaderamente federal) en donde han publicado sus obras 22 dramaturgos de la región.

Lo mismo sucederá con otros libros que irán representando a las demás regiones del país.

En estos días está por presentarse, en Zapala, el segundo libro de la colección, esta vez dedicada a los autores patagónicos.

He tenido la suerte de ser jurado de esa convocatoria (gracias a la interesante iniciativa de los propios autores patagónicos de llamar como jurados, no a colegas capitalinos, sino a autores de otras regiones del país, en tal caso fuimos convocados Jorge Accame, Hugo Sacoccia y yo) y puedo asegurar que la cantidad y el nivel de las obras presentadas por autores de “recónditos” lugares del país, posee un alto nivel técnico.

Lo mismo sucede en el NEA, en Cuyo, en el Centro del país y también, aquí, en Tandil, donde he tenido la suerte de leer textos de autores de la ciudad como jurado del concurso de dramaturgia municipal.

Algo está sucediendo, entonces, en los pliegues desconocidos de la creación dramatúrgica nacional (aquí si me gusta usar esta palabra: nacional)

Se trata de una dramaturgia diversa y, por ser tal, rica y variada. Allí radica su riqueza: en la diversidad. Posee, sí, una característica común: habla desde lo genuino, desde lo auténtico y verdadero, entendiendo por ello las más variadas propuestas y estilos. Ello se siente aunque un autor/a patagónico se exprese a través de códigos que aparentemente nada tiene que ver con la patagonia. (representar una región no es necesariamente hacer un modo de folclore, en la acepción tradicional (y tradicionalista) del término, mirada con las que nos quieren coagular). Se siente, en esos textos, eso sí, la inmensidad de la región patagónica, el viento de la desolación que sopla en los conflictos de los personajes, el frío de las distancias y también el aire que ellas mismas provocan.

Es que, al decir de Canal Feijoo, “uno es sus raíces” y, si hablamos de un escritor profundo que habla de sí mismo, no puede dejar de hablar de su región, de su ciudad, de su desierto, de su mar...Su sensibilidad no puede dejar de expresar de un modo cercano, “a la mano” , no sólo las grandes contradicciones del alma humana sino también la relación existente entre los hombres de cada lugar, de poder entre ellos o de ellos mismos con su naturaleza.

Basta citar a Chejov para desmoronar cualquier afirmación en contrario. ¿Adónde suceden los conflictos de los personajes chejovianos? ¿En París?¿O representan no sólo las contradicciones más íntimas de los hombres en el marco de una sociedad que estaba a punto de dejar de ser lo que había sido?

O a Shakespeare, quien en su saga de las tragedias históricas de los primeros reyes ingleses, tomada de las crónicas de Holinshed, ambienta sus obras en los castillos de su patria, elabora personajes de su propia realidad, de su historia y de su cultura. Y cuando lo hace en ciudades italianas siguiendo las leyendas que preparaban el renacimiento de ese paìs, lo hace transfigurando geografías y apropiándose de ellas, como en el caso de adjudicarle mar a la ciudad natal de “Los hidalgos de Verona”.

Es sabido que el teatro isabelino fagocitaba todo lo que le rodeaba, lo hacía propio, le daba un color local y por ello, tanto en los textos como en los espectáculos podemos encontrar anacronismos que le servían al gran poeta inglés para hablar para su público y con su época. Fue la mejor manera de hablar para todas las épocas.

¿Hay teatro más inglés y a la vez más universal que el de Shakespeare?

¿Hay teatro más ruso y la vez más universal que el de Chejov?

Hablaban con su realidad desde su realidad.

Pero para que el teatro sea artístico no puede dejar de ser crítico, por lo tanto cuestionador del poder dominante como clase y como cultura de clase.

Y así entonces vamos dibujando con más precisión ese terreno de lucha – si, de lucha- y de resistencia que implica producir desde un lugar “periférico” determinado, y con una actitud crítica.

En una intervención que realicé hace tres años en el marco del coloquio anterior propuse aquí mismo como frase a reflexionar “ni chauvinistas, ni cholulos. Cultura crítica vs. Cultura ácritica”. Ese trabajo, afortunadamente no se perdió en el caos de mis movimientos y fue editado por otro comprovinciano mío, muy querido, Raúl Serrano, con el que compartimos estas ideas.

Es que esa contradicción borra de raíz las falsas antinomias entre “cultura popular vs. cultura de elite” ó “cultura nacional vs. cultura extranjera”.

La cosa es “comer” lo que viene de afuera y hacer la propia digestión, descartar lo que nos sirve de lo que no. “La antropofagia cultural” la llamaría Oswald de Andrade.

Nuestro pueblos más “atrasados”poseen una ventaja: son capaces de asimilar en breve tiempo los adelantos que a otras culturas le llevaron años y, a veces, superarlos. Los pieles rojas manejaron el winchester en meses y no tuvieron que esperar siglos para pasar del arco y la flecha al rifle, como los europeos. Ley del desarrollo combinado o desigual le llamaría Marx..

Se suele pensar que a las provincias hay que mandar asistencias técnicas. Y está bien. Me gustaría que también vuelvan asistencias técnicas al puerto. Es mucho lo que se desconoce del interior en Bs. As. O entre provincias, quebrando esa red de convergencias unilaterales hacia la capital.

Hace poco se generó una interesante y honesta polémica a raíz de un proyecto de “perfeccionamiento” organizado por el INT y Argentores. La convocatoria preveía la instalación de dos dramaturgos por región en Bs. As. con un proyecto dramatúrgico propio supervisado por tres docentes elegidos por el INT. Ésto se está realizando en este momento.

Surgió, entonces, la polémica en el interior de Argentores (una de las dos entidades financiadoras) sobre los criterios tanto para elegir el plantel docente como también así sobre las características de la experiencia.

Uno de los inspiradores del proyecto argumentó que “el becario transforma un circuito como Bs. As. en espacio de estudio para los autores becados dado que a Jujuy no podemos llevar la circulación de Bs. As. Hacer que quien vive en Jujuy pueda acercarse sin costo a Bs.As. y tomar lo que más le interese.”

Nuestra respuesta fue que nos parecía interesante aunque limitada la propuesta y que escondía una suerte de prejuicio. “tomar de Bs.As. lo que más le interese...” Está bien. Pero lo que hay que privilegiar es el proyecto del autor, el que lleva, no el que “pueda tomar” de una realidad que no le pertenece. La estrategia del proyecto debería ser la de generar las condiciones para que el autor no tenga que emigrar de su tierra o transvestirse de “novedoso” para su propia realidad.

En fin... la polémica fraternal fue adelante y todos aprendimos mucho de ella.

No hay en mis palabras ni en mi postura ánimo alguno de enfrentamiento con los colegas capitalinos. Todo lo contrario. Es a partir del diálogo honesto –y crítico- que iremos afinando la puntería y construyendo, juntos, un país más equilibrado.

Estas reflexiones que, desordenadamente, expongo son una consecuencia y no una causa.

Es decir, son la consecuencia de haber adoptado, en mis 35 años de profesión, una actitud de coherencia en mi producción dramatúrgica. Nunca escribí para la fama ni para hacer dinero. Y quien ha leído mis obras sabe que, al menos, he intentado hablar a y desde mi realidad.

Lo sorprendente y gratificante es que esas mismas obras representadas en latitudes muy lejanas a las del lugar en donde fueron concebidas adquieren una presencia comunicativa extraordinaria. Hay en estos momentos tres obras mías en cartel en Italia , otra en Albania, en albanés, por supuesto, y otra en Eslovenia (para hablar de periferias) ¿Qué tendrá que ver Tucumán con Tirana? ¿o Lubjanca? Algo , seguramente. Y todo.

¿Que le dirá la leyenda de “El familiar” a un italiano? ¿A un albanés? ¿ A un esloveno? ¿Del kakuy? ¿De la mulánima? ¿Del genocida Bussi?

Parece que la cosa es casi matemática: se trata de escribir sobre los fantasmas propios, no de los ajenos, para que la cosa llegue a los demás.

Creo que en mi producción de más de 40 obras escritas y casi todas ellas representadas hay una poética que las une más allá de los distintos estilos que he transitado –desde la tragedia de “El sueño inmóvil” al drama de “Limpieza”, de la comedia de “Esperando el lunes”, al grotesco de “La conspiración de los verdaderos dioses”, o al relato de “Por las hendijas del viento” o las “Crónicas de la hormiga argentina”: Ésto es la angustia de la peor de las tragedias que, a mi juicio podemos afrontar como seres individuales y como comunidad: la tragedia de las repeticiones. Sobre ello cabalga el olvido.

Cuando era niño mi abuela Rosa me hacía dormir, en la siestas de calor en Tucumán, contándome historias que hacían volar mi imaginación. Aún recuerdo cómo se desvanecía el hilo de potente luz que entraba desde la claraboya de la puerta mientras me dormía.

Yo no hice otra cosa que reelaborar esas historias y estoy orgulloso de no haberlas descartado.

Un viejo sabio dijo: “Sólo ahora puedo entender lo que ya comprendía cuando era un niño.”

Es que, tal vez, las cosas que valen la alegría no están allá, lejos de nosotros, sino muy cerca, muy cerca... más cerca de lo que habíamos pensado.

Carlos Alsina.

 

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